
Asistí como parte del Fórum de Jóvenes de Cantabria (ACEFAM), junto a otra pareja encantadora con la que, sin conocernos de nada, conectamos al instante.
La aventura empezó ya en el viaje de ida, compartiendo coche con Paloma Tejedor, gran amiga y psicóloga como yo, y con sus primas Ángela y Aurora, las cuáles no conocía aún, y sin planearlo demasiado nos dimos cuenta de algo curioso: todas veníamos de empresas familiares, pero ninguna trabajaba directamente dentro de la empresa de su familia. Cada una había elegido su propio rumbo profesional, en sectores distintos, con trayectorias diferentes… y aun así había un hilo común:
Ese origen compartido.
No era solo intercambiar experiencias. Era reconocernos en historias parecidas desde lugares distintos. Entender lo que implica crecer en ese contexto, aunque después cada una haya construido su propio camino.
El día 21 fue mi cumpleaños. Cumplí 39 en mitad de la montaña, rodeada de nieve, de grandes amigos y también de personas que acababa de conocer y con las que ya sentía una conexión sincera. Las velas aparecieron por sorpresa sobre una palmera de chocolate y celebrarlo allí, en ese entorno y con esa compañía, fue una forma muy especial de empezar los casi 40.

Uno de los momentos que más me llamó la atención fue la intervención de la familia de Grupo Tejedor Lázaro, empresa segoviana de nutrición animal fundada en 1951 y hoy presente en más de 80 países, con más de 400 personas en su equipo.

Aurora Tejedor, Paloma Tejedor y Ángela Tejedor.
Paloma Tejedor Fernández, presidenta del Fórum de Jóvenes de Empresa Familiar de Castilla y León, compartió junto a sus primas Ángela Tejedor, productora y actriz, y Aurora Santos Tejedor, futura abogada en el ámbito militar, la trayectoria y evolución de su empresa familiar.
Me impactó especialmente cómo relataron sus inicios:
La empresa comenzó intercambiando conocimiento por gallinas.
Esa imagen resume mucho. Antes de planes estratégicos, antes de expansión, antes de profesionalización, hubo confianza. Hubo alguien que sabía algo y alguien que lo valoró. Hubo relación. Y cuando el origen está construido desde ahí, el crecimiento se apoya sobre una base distinta.
También fue significativa la referencia a la crisis que atravesaron en 2012, un momento que puso en riesgo la continuidad del grupo. En aquella etapa comprobaron que, más allá de lo financiero, lo que sostuvo el proyecto fue la cohesión familiar y los valores compartidos.
La resiliencia no vino solo de los números, sino del vínculo.
También me llamó la atención cómo se incorporó la mirada psicológica en el relato empresarial, poniendo el foco en la comunicación, el liderazgo y la cultura como parte esencial del proyecto
Y ahí conecté de forma muy natural con lo que hago acompaño a empresas y profesionales a fortalecer precisamente esa parte que no siempre se ve: la forma en la que se toman decisiones, cómo se gestionan las diferencias, cómo se mantiene la coherencia entre valores y comportamiento cuando hay presión.
No se trata de meter “algo emocional” en la empresa como si fuera un añadido. Se trata de entender que, al final, cualquier organización está formada por personas, con sus decisiones, sus tensiones y sus formas de relacionarse. No es hacer terapia dentro de la empresa, es asumir que es un sistema humano y que, cuando esa dimensión se atiende de verdad, la estrategia deja de caminar sola.
Me llevo aprendizajes, claro que sí. Pero, sobre todo, me llevo personas. Relaciones nuevas que sé que no se van a quedar en ese fin de semana, conversaciones que siguen y esa sensación tan buena de cuando compartes experiencias de verdad y te das cuenta de que hablar desde lo real siempre construye algo más profundo.
Gracias a los fórums organizadores ADEFAM, Empresa Familiar de Castilla y León y Asociación de Empresa Familiar de Aragón, por crear espacios donde compartir experiencia es una forma de crecer.

Y gracias también a asociaciones como Asociación Cántabra de la Empresa Familiar (ACEFAM), por seguir impulsando encuentros que fortalecen no solo empresas, sino personas.
Hay experiencias que suman conocimiento.
Y hay experiencias que te recuerdan por qué haces lo que haces.
Esta fue de las segundas.
Gracias a tod@s de corazón