
Este fin de semana asistí al IX Encuentro Fórum ACEFAM, un encuentro que volvió a poner de relieve el papel clave de las personas, los valores y la cultura en la sostenibilidad de las empresas familiares. Medio centenar de jóvenes empresarios compartimos experiencias, aprendizajes y una visión común: construir el futuro desde el compromiso, la adaptación y la innovación.
El encuentro reunió testimonios muy distintos pero unidos por un mismo hilo: la fuerza de los valores y la capacidad de adaptación.
Javier Castanedo (Regma) abrió las ponencias con una historia profundamente inspiradora sobre cómo una empresa puede mantener su identidad durante generaciones. Narró el recorrido de una marca que ha sabido crecer sin perder su esencia, recordando que cuidar el legado familiar también implica evolucionar con coherencia y propósito.
Juan Moya Yoldi (Persán) compartió la experiencia de una organización que ha vivido un crecimiento extraordinario basado en la profesionalización y la innovación, pero sin dejar de lado su componente humano. Su visión mostró que la estrategia y la expansión sostenida son posibles cuando se apoyan en valores que se traducen en acción.
Desde una perspectiva más estructural, Virginia López Guzmán (Delaviuda Confectionery Group) abordó los desafíos de la gobernanza y la sucesión generacional, destacando el equilibrio entre dirección profesional externa y continuidad de la cultura familiar. Su intervención subrayó que los valores son el verdadero hilo conductor entre pasado, presente y futuro de una organización.
Por su parte, Alberto Guijarro Román (Granalu) ofreció un testimonio profundamente humano sobre la resiliencia y el liderazgo. Tras un incendio que destruyó la fábrica, relató cómo su equipo se unió desde la primera noche para reconstruir lo perdido. Fue una historia de fortaleza colectiva, compromiso y sentido de pertenencia, que reflejó a la perfección lo que significa liderar desde los valores.
Adaptarse sin perder la esencia
Entre las muchas ideas que surgieron, una me pareció especialmente significativa: la adaptación al contexto como clave.
Podría decirse que existe un verdadero “darwinismo organizacional”: quienes mejor sobreviven no son los más grandes, sino los que aprenden, evolucionan y mantienen sus valores a través del cambio.
En la empresa familiar esto se traduce en algo profundamente humano: cuidar, implicarse, valorar y actuar con propósito.
Precisamente, estos son los procesos que trabajo a diario desde la gestión de la conducta y del capital humano, ayudando a que las organizaciones desarrollen comportamientos coherentes con sus valores y culturas.
El reto de la gestión humana hoy no está solo en la profesionalización, sino en mantener la identidad mientras se transforma la estructura.
Y, como recordaba uno de los ponentes, “el profesional necesita tener valores humanos”.
Ese equilibrio entre profesionalización y humanidad es precisamente lo que permite a las empresas familiares —y a cualquier organización— sostener su identidad mientras se transforman.
Liderar desde los valores
Se habló también del liderazgo, no como poder o autoridad formal, sino como la capacidad de mantener los valores por encima de las circunstancias.
Personalmente, comparto la idea de que la autoridad se gana liderando con respeto, coherencia y autocrítica.
Ser líder implica tomar decisiones incluso en la duda, pero sin convertirse en “esclavo de la empresa familiar” ni caer en lo que algunos llamaron la “cárcel de cristal” del apellido o del legado.
El liderazgo auténtico no se impone: se enseña con la conducta.
Porque liderar no es solo ser asertivo, sino mostrar al otro qué es lo que te mueve.
Y cuando esa coherencia se mantiene, la autoritas surge como consecuencia natural.

Cultura, personas y método
El encuentro también puso de relieve el valor de la cultura organizacional como motor del rendimiento.
Desde un enfoque conductual, la cultura se construye a través de contingencias, de los comportamientos que se refuerzan día a día, y de las interacciones que consolidan los valores en la práctica cotidiana.
Se mencionaron herramientas como los family office o los holdings empresariales, y conceptos como el salario emocional o la creación de figuras dedicadas a “conocer y escuchar a las personas de fábrica”.
En el fondo, todas estas iniciativas apuntan a lo mismo: poner a las personas en el centro de la estrategia.
Desde mi experiencia profesional e investigadora, he podido comprobar cómo trabajar los valores desde la conducta (y no solo desde el discurso) incrementa el compromiso, la adaptabilidad y la cohesión de los equipos.
Lo que en este encuentro se compartió de forma vivencial, es precisamente lo que la evidencia científica confirma: cuando los valores se comportan, la cultura se consolida.
Valores que inspiran
Constancia, esfuerzo, emprendimiento y pasión fueron algunos de los valores compartidos, pero también el espíritu crítico y la autocrítica.
Como mencionaba uno de los ponentes, dedicarse un tiempo “por la norma y contra la norma” para reflexionar, analizar y cuestionar es un signo de madurez organizacional.
Las empresas que se atreven a hacerlo evolucionan sin perder su esencia.
Porque liderar desde los valores significa construir desde el respeto, la responsabilidad y la capacidad de cuestionarse para mejorar.
En definitiva, se trata de generar valor y cultura, no solo resultados.
A nivel personal, el encuentro también fue profundamente enriquecedor.
Más allá de las charlas, fue una oportunidad para conectar, compartir barreras, aprendizajes y experiencias reales con personas que, desde distintos lugares y trayectorias, comparten los mismos retos y valores.
Esa cercanía humana, el poder conversar, reír y reflexionar juntos, me recordó por qué creo tan firmemente en el poder de la conexión entre personas como base de cualquier transformación organizacional.
En resumen
El IX Encuentro Fórum ACEFAM fue un recordatorio de que el verdadero progreso empresarial surge cuando personas, valores y cultura se entrelazan.
Una visión que conecta de forma directa con mi trabajo: acompañar a las organizaciones en el desarrollo de comportamientos alineados con sus valores y propósito, para que puedan adaptarse, crecer y generar bienestar sostenible.
Más informacion: https://www.eldiariomontanes.es/economia/empresas/regma-persan-delaviuda-granalu-ilustran-jovenes-empresarios-20251007184112-nt.html